Pues depende del perro y de para qué. Y vosotros diréis: “Qué fácil, así cualquiera”. Pero es que todo es relativo.

En principio, la pelota o el lanzar objetos no es el mejor de los juegos para realizar con nuestros perros. Vosotros pensaréis: ya, pero es que, ¡¡¡a mi perro le encanta!!! Puede ser, pero no todo lo que nos gusta nos conviene. Nadie duda de que el azúcar es de las peores cosas que podemos darle a un niño – a pesar de que les encante-, ya que luego nos vamos a arrepentir de esta ingesta de azúcar porque se van a poner como una moto. Pues algo parecido pasa con nuestros perros.

No sé si vosotros hacéis deportes aeróbicos, como por ejemplo salir a correr. Uno de los comentarios más habituales entre los que practican este deporte, es que si se hace de noche, luego cuesta mucho más conciliar el sueño. Esto es debido a la segregación de adrenalina que genera este tipo de actividad. Ahora llevemos este ejemplo al perro, imaginemos ese momento en el que le lanzamos por primera vez en el día la pelota a nuestro perro. Ahí ya le estamos pidiendo a su cuerpo, a sus músculos un esfuerzo importante que se convierte en un pico de estrés. ¿Cómo puede ser esto? Pues muy fácil, porque el cerebro manda información a los músculos de que hay que activarse al 200% (y en frío, señores por lo que no olvidemos posibles lesiones a nivel muscular, articular o incluso óseo)  para perseguir esa pelota que nos acaban de lanzar. Por lo que el perro, en vez de salir a pasear o correr tranquilamente, le estamos pidiendo que compita a diario. Sí, el perseguir una pelota supone todo eso y más si hay más perros con los que luchar por coger antes que ellos esa pelota.

Ahora bien, ¿eso significa que NUNCA, NUNCA debamos jugar a la pelota con nuestros perros? Para vuestra tranquilidad, os diremos que NO. Pero de nuevo con “peros”.El ejercicio de tirar objetos (palos, pelotas, piñas…) parece encantarles a nuestros perros, pero lo que realmente ocurre es que les genera adicción, por lo que llega un momento, que prefieren jugar con la pelota antes que interaccionar con el entorno o con otros animales. Para que lo podamos entender mejor, es como el niño que se pasa horas encerrado en su habitación con los videojuegos sin querer salir al mundo real que le espera fuera para aprender y jugar.

Está claro que es un juego que motiva mucho y en parte “aísla” del entorno al perro. Va a haber veces que eso nos interese. Si tenemos un perro muy miedoso y vivimos en una zona donde todos los días va a tener que gestionar personas, ruidos, etc, durante los paseos el ejercer un buen uso de la pelota puede ser muy positivo. Es una manera de tener una motivación muy fuerte que le ayude a no prestar tanta atención a lo que está ocurriendo a su alrededor y así pueda encontrarle el gusto a los paseos y salir a la calle.

Está claro que lo ideal es continuar con el trabajo con estos perros y no quedarnos atrapados en el punto de la pelota, pero como primer paso o en momentos en los que el perro esté algo peor, la pelota también puede ser un gran aliado. Aquí es donde os aconsejamos acudir a un educador canino para ayudaros con estas pautas y que vuestro perro consiga poder relacionarse sin miedos con otros perros. Este momento social es necesario para todos los perros, no hace falta que se pasen horas y horas jugando. O todos los días, pero sí que todos los perros deben gestionar bien la presencia o el saludo con otros perros por la calle o en los parques.

Otras de las ocasiones en las que el juego de la pelota puede ayudar, es cuando en casa hay niños y llega a la misma un perro que no ha convivido nunca con niños.

En esta situación, el juego con una pelota es una manera de favorecer la relación entre ellos sin que haya un contacto físico directo. Podemos enseñar a la niña o niño a pedirle al perro un sentado o cualquier otra habilidad antes de lanzarle la pelota. De este modo, el perro también se acostumbrará a responder a indicaciones sencillas que le puedan pedir los más pequeños de la casa. Y los niños aprenden también a relacionarse con el perro sin estar corriendo por la casa mientras el can les persigue. Añadimos también que para el niño o la niña, el que su perro haga caso a las señales que le pide es un gran toque de autoestima. ¡¡Qué genial que mi perro me hace caso!! Así es como se convertirán en amigos inseparables.

Donde sí que no hay dudas es que en determinadas circunstancias, sacar una pelota no es la mejor de las ideas. Todos hemos visto muchísimas veces la tensión que se genera en el parque cuando de pronto alguien saca una pelota.  En ese momento cambia el estado de ánimo de todos los perros, la excitación y tensión se palpa en el ambiente. Los perros ya no juegan entre ellos, huelen los alrededores o saludan de forma tranquila a los que acaban de llegar. No, ahora todo eso ha cambiado porque ha aparecido una pelota. Y esa pelota se convierte, automáticamente, en el recurso más importante por el que hay que luchar. La gestión del juego aquí se vuelve mucho más difícil, pudiendo dar lugar a que varios perros se peleen queriendo hacerse con la pelota. Si hay varios perros, lo mejor paseos tranquilos y olfateando todos juntos. Incluso puede haber pequeñas carreras entre ellos a modo de persecución, pero sin la pelota presente este juego será muchísimo más relajado.

Por lo que para terminar, tan sólo os pedimos que juguéis con vuestro perro a la pelota con cabeza por favor. Igual que no dejaríamos que nuestros hijos se coman toda la tarta de cumpleaños ellos solos, no estemos media hora lanzando la pelota a nuestros perros sin parar.

Si queréis saber más sobre cómo, cuándo y qué tipos de juegos puedo compartir con mi perro no dudéis en poneros en contacto con IntegranDog. Estaremos encantadas de echaros una pata.

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